De los fósiles de aves de Venta Micena en Orce a los inmensos humedales de la hoya de Baza hace un millón y medio de años: un viaje fascinante en el tiempo por el Geoparque de Granada

Un nuevo estudio describe los restos fósiles de tres especies de aves, un pato, una grulla y un cuervo, identificadas en el yacimiento paleontológico de Venta Micena, en el Geoparque de Granada. Estos fósiles, con una antigüedad en torno a un millón y medio de años, permiten caracterizar el extensísimo humedal que ocupaba la cuenca de Baza durante la época pleistocena.


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Algunos de los fósiles de aves estudiados del yacimiento paleontológico del Pleistoceno inferior de Venta Micena. A: húmero distal de cuervo, en vista craneal. B: húmero distal de tarro blanco, en vista craneal. C: fragmento de pelvis con el acetábulo de un ave indeterminada, en vista lateral, en el cual se aprecian evidencias de abrasión por digestión (indica que fue tragado por un carnívoro). D: falange del pie de un ave indeterminada, en vista dorsal, con marcas de digestión. E: ulna de grulla gigante, en vista dorsal.


Los paisajes semidesérticos de la depresión de Guadix-Baza, en el altiplano granadino, son de belleza agreste. Conocidos como “badlands”, están escasamente poblados por la vegetación, lo que contrasta con el paisaje de la región en el que habitaron estas aves durante la época pleistocena, cuando las precipitaciones triplicaban las actuales. En aquel entonces existía un extenso humedal en la cuenca de Baza, con una superficie de más de 1.000 km2. Estaba alimentado, principalmente, por las aguas de un sistema fluvial procedente de la cuenca de Guadix, que traía agua desde Sierra Nevada, y por las emanaciones de abundantes manantiales hidrotermales, que aportaban aguas cálidas y sales al gran lago. En el entorno de este inmenso humedal, que debió ser un auténtico vergel, se desenvolvía una fauna diversa de grandes mamíferos, que recuerda a los ecosistemas modernos del África subtropical. Así, por el altiplano granadino deambulaban animales exóticos, como grandes elefantes, hipopótamos que doblaban en masa corporal a los actuales y muchos otros herbívoros, conjuntamente con los carnívoros que depredaban sobre ellos, en particular los félidos con dientes de sable y las grandes hienas carroñeras, del tamaño de una leona moderna. A esta fauna, bien conocida a partir de las excavaciones en los yacimientos paleontológicos de Orce, el caso de Venta Micena, Fuente Nueva-3 y Barranco León, se le sumarían los primeros humanos que habitaron en Europa occidental, cuya presencia quedó documentada en los dos últimos yacimientos a partir de industrias líticas (piedras talladas), marcas de su actividad con ellas sobre los huesos y, en el caso de Barranco León, un diente de leche humano.


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Diente de leche humano (A) y remontaje de un núcleo de sílex tallado (B) en el yacimiento arqueopaleontológico de Barranco León en Orce (cuenca de Baza, Geoparque de Granada). Reconstrucción de los homininos del Pleistoceno inferior de Europa (C) tallando industrias líticas olduvayenses.


Es mucho lo que ya sabemos sobre la fauna pretérita de grandes mamíferos gracias a los yacimientos orcenses, que son uno de los grandes recursos patrimoniales que atesora el Geoparque de Granada. Ahora bien, hasta ahora no conocíamos prácticamente nada de las aves que debieron habitar también en estos extensos humedales. La razón es sencilla: A diferencia de los huesos y dientes de los mamíferos, los huesos de la mayoría de las aves son pequeños, con una superficie cortical exterior muy fina y, además, están neumatizados (son huecos). Esto los aligera para el vuelo, pero los hace menos resistentes a las agresiones externas. Además, las aves carecen de dientes, que son los elementos más mineralizados y, por eso, más perdurables como fósiles. Por ello, en el yacimiento, donde hienas capaces de fracturar hasta los huesos de un gran elefante fueron quienes acumularon los restos esqueléticos, la conservación de las aves resulta anecdótica, no habiéndose documentado hasta el momento sus fósiles.

Ahora, un nuevo estudio de las decenas de miles de fósiles exhumados en Venta Micena tras décadas de excavaciones, depositados en el Museo Arqueológico de Granada, ha revelado la existencia en la colección de 18 restos atribuibles a aves, siete de ellos conservados con suficiente integridad anatómica como para ser asignados a especies concretas. Así, a partir de estos huesecillos fragmentarios se ha podido poner de manifiesto la existencia de tres aves diferentes, cada una de las cuales aporta una información muy valiosa sobre los ambientes del humedal e incluso sobre la ecología de la comunidad de animales que habitaba en ellos.

La primera es un pato, el tarro blanco, cuyo nombre científico es Tadorna tadorna. Actualmente se le ha visto invernando ocasionalmente en El Baíco, un pequeño humedal situado entre las ciudades de Baza y Benamaurel, pero su hallazgo en el yacimiento de Venta Micena, cuyos restos se acumularon durante la estación estival, sugiere que hace un millón y medio de años esta especie se reproducía también en la cuenca de Baza. Por otro lado, el tarro blanco se alimenta de pequeños invertebrados, como los caracoles del género Hydrobia, bien documentados en los yacimientos orcenses. Estos caracoles viven en aguas de salinidad variable, por lo que la presencia del pato nos indica que en las inmediaciones del gran lago de Baza habría charcas sujetas a una intensa evaporación, en las que aumentaría la salinidad.


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Tarro blanco, pato cuyo nombre científico es Tadorna tadorna. Se trata de una especie invernante hoy día en la cuenca de Baza, pero que hace un millón y medio de años pasaba allí todo el año, reproduciéndose en el humedal.


La segunda especie es una grulla, de mayor tamaño que la grulla común actual, Grus grus. La especie, asignada preliminarmente a Grus cf. primigenia, representaría el registro más antiguo conocido hasta el momento en Europa de las grullas gigantes del Pleistoceno. La anchura del hueso fósil del antebrazo identificado es mayor que en la grulla actual, lo que sugiere que este animal era más pesado. Las grullas son aves omnívoras típicamente asociadas con ríos y humedales, por lo que su presencia en el gran lago de Baza no resulta insólita.


 

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Humedal del Baíco en la cuenca de Baza durante la primavera de 2010. Se trata de una pequeña laguna, muy amenazada, que aunque cubre menos de un kilómetro cuadrado de extensión superficial, reúne a más de 50 especies de aves los años lluviosos. Se aprecian una pareja de cigüeñuelas comunes a la izquierda, una garceta común en el centro y tres garcillas bueyeras a la derecha. Fotografía proporcionada por José Ángel Rodríguez.


Humedal del Baíco en la cuenca de Baza durante la primavera de 2010. Se trata de una pequeña laguna, muy amenazada, que aunque cubre menos de un kilómetro cuadrado de extensión superficial, reúne a más de 50 especies de aves los años lluviosos. Se aprecian una pareja de cigüeñuelas comunes a la izquierda, una garceta común en el centro y tres garcillas bueyeras a la derecha. Fotografía proporcionada por José Ángel Rodríguez.

Finalmente, la tercera especie identificada en Venta Micena es un cuervo, concretamente la subespecie Corvus corax antecorax. Nuevamente, se trata del registro más antiguo de estos animales en la península Ibérica. Su interés radica en el papel que desempeñó en los ecosistemas del Pleistoceno, ya que habría consumido una porción apreciable de la carne disponible para los depredadores y carroñeros de la paleocomunidad. Concretamente, el uso de un modelo que permite cuantificar la disponibilidad de carne en el ecosistema y su aprovechamiento por los consumidores secundarios permitió estimar cuántos recursos aprovecharía cada carnívoro terrestre de Venta Micena. Ahora bien, en dicho modelo no se tuvieron en cuenta a los cuervos, los cuales se ha comprobado en estudios modernos que son capaces de robarles buena parte de la carne de sus presas a los lobos. Al incluir en el modelo al cuervo como una especie carroñera más, se comprobó que la cantidad de carne que podría consumir cada carnívoro terrestre disminuía en torno a un 15%, razón por la que estas aves carroñeras habrían jugado un papel muy relevante en el ecosistema, papel que había pasado desapercibido hasta ahora.


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Distribución de los recursos cárnicos entre los consumidores secundarios de la comunidad fósil de Venta Micena. El diagrama de tarta de la izquierda muestra las estimaciones porcentuales de la carne consumida por los depredadores y carroñeros terrestres; a la derecha se muestran dichos consumos tras introducir al cuervo como un carroñero más, lo que hace disminuir la proporción de recursos aprovechados por las otras especies.


En el nuevo estudio, de carácter multidisciplinar y liderado por los Profesores Francisco Serrano y Paul Palmqvist, de la Universidad de Málaga, han participado otros investigadores de esta institución (Patrocinio Espigares Ortiz, Sergio Ros Montoya, Antonio Guerra Merchán, José Manuel García Aguilar y Javier C. Terol) y han colaborado también profesores de las universidades de Sevilla (Guillermo Rodríguez-Gómez), Alcalá (Óscar Sanisidro), Complutense de Madrid (Isidoro Campaña), de la Diputación de Almería (Alejandro Granados) y del ICREA e Instituto de Paleoecología Humana-IPHES de Tarragona (Bienvenido Martínez Navarro). En el trabajo se han aportado claves muy interesantes sobre los ambientes y la fauna del sur de Andalucía hace más de un millón de años. Son precisamente este tipo de investigaciones sobre el patrimonio paleontológico, en su doble vertiente de patrimonio natural e histórico, las que permiten ponerlo en valor. Con ello se pasa de la idea más o menos inmediata de que los fósiles son objetos patrimoniales que se deben conservar a la de que son los conocimientos que genera su estudio los que verdaderamente dan valor a este patrimonio. A fin de cuentas, las explicaciones pueden ser tanto o más interesantes que la belleza o el interés que lleguen a despertar los fósiles en sí mismos, lo que debe contribuir a la puesta en valor de los yacimientos paleontológicos que los albergan y el Geoparque en el que se ubican.


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Reconstrucción del humedal de Venta Micena en la cuenca de Baza (Granada) hace un millón y medio de años. Se aprecian las aves identificadas en este estudio, el tarro blanco (Tadorna tadorna), en primer plano a la izquierda; la grulla gigante (Grus cf. primigenia), en primer plano a la derecha, y el cuervo (Corvus corax antecorax), volando junto a la hiena gigante (Pachycrocuta brevirostris). Al fondo se distinguen dos elefantes (Mammuthus meridionalis) y un grupo de caballos (Equus altidens). Escena dibujada por Óscar Sanisidro.


Referencia del artículo, publicado en acceso abierto:

Francisco J. Serrano, M. Patrocinio Espigares, Guillermo Rodríguez-Gómez, Bienvenido Martínez-Navarro, Sergio Ros-Montoya, Javier C. Terol, Óscar Sanisidro, Antonio Guerra-Merchán, José Manuel García-Aguilar, Isidoro Campaña, Alejandro Granados & Paul Palmqvist (2026). Avian remains from Venta Micena (Baza Basin, Granada Geopark) shed light on the Early Pleistocene wetland environments and trophic dynamics of the Southern Iberian Peninsula. Swiss Journal of Palaeontology 145: 597–623. https://doi.org/10.3897/sjp.145.182523


Avian remains from Venta Micena 2026 Serrano et al Swiss

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